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miércoles, 4 de noviembre de 2009

Psicoterapia de Milton Erickson


Una historia de psicoterapia para contar...

En sus primeros años como psiquiatra, prestó Erickson sus servicios en una institución en la que pasaba su vida un paciente de unos 25 años de edad. Había sido detenido, unos cinco años antes, por la policía, debido a su perturbado comportamiento, y lo llevaron a la mencionada institución, pero nunca se le pudo identificar, porque no llevaba encima ningún documento, al parecer nadie había denunciado su aparición, y fuera de las frases “me llamo George”, “Buenos días” y “Buenas noches”, no decía ninguna otra cosa que tuviera sentido. A todo intento de llevar una conversación con él, reaccionaba con largas y rápidas verbalizaciones en una lengua artificial.
Fueron innumerables los psiquiatras, psicólogos, enfermeras, y asistentes sociales -y hasta los pacientes de la misma institución- que habían intentado en vano, en el curso de los años, descubrir un sentido en aquella ensalada de palabras, o conseguir inducir a George a expresarse con claridad. Al final, se le había dejado sólo, y él se limitaba de ir de un lado para otro, murmurando para sí casi incansablemente.

Durante unos pocos días, Erickson se limitó a sentarse durante una hora en silencio, al lado del paciente, que le ignoró. Uno de los días siguientes, se presentó, por así decirlo, al aire vacío, pronunciando de pronto y en voz alta su nombre. George no reaccionó hasta el día siguiente, cuando Erickson volvió a pronunciar su nombre, pero esta vez dirigiéndose directamente a él. Entonces George replicó con una larga ensalada de palabras, en tono enojoso, sin mirar a Erickson. A este arranque respondió Erickson (que se había preparado a fondo para el momento) con otra parrafada, no menos corta, pero de acento amistoso, que sonaba igual que la lengua artificial del paciente, aunque contenía otras pseudo palabras. George pareció muy sorprendido y cuando Erickson terminó, respondió de la misma forma, aunque esta vez la verbalización sonaba a interrogativa. Erickson “contestó” de nuevo con inflexiones amistosas y explicativas.
Al día siguiente se inició la conversación con mutua pronunciación de sus respectivos nombres, seguida de una ensalada de palabras de George de cuatro horas de duración ininterrumpidas. Erickson respondió con otra ensalada de otras cuatro horas (aunque esto le costó quedarse sin comer). A ello siguió una nueva verbalización del paciente, esta vez de dos horas, a la que Erickson -ya algo agotado- respondió con otra de la mismaduración.
Al día siguiente se inició de nuevo la terapia con la misma mutua presentación pero, tras un corto intercambio en la habitual jerigonza, George dijo de pronto: “hable usted razonablemente Dr.”, a lo que éste respondió: “¿Por qué no? con mucho gusto. ¿cómo se apellida usted?”. Al cabo de un año George había hecho ya tales progresos que pudo abandonar el establecimiento y encontrar una colocación. A plazos irregulares iba al establecimiento para visitar a Erickson, y, básicamente, para hablarle de su vida. Invariablemente, estas visitas empezaban y terminaban con una ración de ensalada de palabras; y algunas veces añadía con tono seco: “No hace nada mal un poco de insensatez en la vida, ¿verdad doctor?.”


Fragmento de "HABLEMOS EL MISMO IDIOMA" Hablar el lenguaje del paciente Por

martes, 27 de octubre de 2009

Autoestima en adolescentes


La autoestima en los adolescentes:
Un punto de vista psicoterapéutico.

La autoestima es el grado en que la gente se valora a sí misma y se da en relación con su sentido de identidad y la manera en que las personas se perciben a sí mismos; cuál es la imagen que tiene de ellos mismos, cómo es que es creen sobre sí mismos. La autoestima es una función de las creencias de lo que uno merece o no, y por su puesto cuanto más positiva sea la autoestima de una persona, mejor será su vida
Muchos adolescentes pueden sentirse mal con respecto a sí mismos, por la manera en que perciben su cuerpo e imagen, pueden tener muchas dificultades para aceptarse a sí mismos y sentirse incapaces de enfrentar muchos retos en esta etapa.


Para ayudar a un adolescente a sentirse mejor con respecto a sí mismo, necesitamos traerlo de vuelta a su yo. El primer y esencial paso en este proceso es que acepte sus sentimientos actuales; sentimientos de vacío, de frustración y desesperación que tiene ahora.

A medida que el adolescente acepta tales sentimientos, puede reencontrarse con sus sentidos, su cuerpo y todo lo que puede hacer con él. Puede aprender sobre sí mismo y su unicidad desde su interior, en lugar de a través de los juicios y opiniones de los demás, y comenzar a sentir una sensación de bienestar –que está bien ser quien es.

El adolescente se afecta mucho por las realidades del mundo. Mientras que el niño pequeño parece librarse de enfrentar el mundo por medio del juego (una actividad que los adultos aceptan como normal en los menores), el adolescente sabe que pronto será lanzado al mundo para labrarse su propio camino.

Los jóvenes ansían la libertad e independencia de la edad adulta, y a la vez están temerosos y angustiados por sí mismos. Muchos jóvenes hacen intentos por aprender a manejarse en el mundo (tratan de encontrar empleos, tomar sus propias decisiones y experimentar con su independencia). Pero la mayoría son ignorados, rechazados, no tomados en serio.

Se ha encontrado que los adolescentes son inteligentes y mucho más sabios de lo que la sociedad reconoce. Pero hay muchos que están confundidos y perplejos por los enredados mensajes que reciben acerca de sí mismos de parte de sus padres y de la sociedad (mensajes que menosprecian sus capacidades y sabiduría).

A veces se angustian, se deprimen, se preocupan y se atemorizan por sí mismos y la vida, especialmente por el futuro. Algunos asumen una actitud indiferente de “no me importa”. Otros se rebelan abiertamente. Algunos luchan duro para afirmar su propio punto de vista.

Sin embargo el adolescente perturbado puede hacer mucho por sí mismo. Como ya es casi un adulto, ha introyectado muchos mensajes erróneos que afectan su percepción y sus sentimientos de sí mismo. Tienen recuerdos, fantasías y emociones que pueden bloquear su desarrollo natural. Tiene una profundidad de sentimientos que encuentra difícil compartir con su familia.

Muchos adolescentes pueden ser reacios a recibir intervención psicoterapéutica, aunque hay otros que la solicitan, y muchos padres acuden con ellos a terapia por que las cosas han empeorado y creen que han llegado a un callejón sin salida.

Muchos jóvenes necesitan ayuda para expresar sus sentimientos de angustia, soledad, frustración, confusión sexual y temor. Necesita ver de qué modo se puede responsabilizar por su propia vida tanto como le sea posible.

He aquí algunas pautas básicas para que los padres y maestros refuercen los sentimientos del yo de sus hijos adolescentes:
• Escuchar, reconocer y aceptar los sentimientos del adolescente, sin emitir juicios.
• Tratarlo con respeto. Aceptarlo como es.
• Hacerle elogios específicos, al grano.
• Ser sincero con él.
• Delegarles responsabilidades y tareas en el manejo del hogar.
• Negociar ciertos límites que consideran importantes.
• Estar disponibles para entregar amor y apoyo.
Todos los adolescentes se pueden beneficiar con el tipo de experiencia de autoapoyo que puede brindar un psicoterapeuta.


Los adolescentes que reciben terapia y apoyo genuino por parte de sus padres y maestros tienen la oportunidad de aclarar quiénes son, sus necesidades y sus deseos. Pueden ganar fortaleza para encarar los problemas y conflictos de ese mundo que deberán enfrentar.